Un presidente comentarista

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Se suponía que en el reparto de poderes, Montesquieu había dejado escrito que un Presidente eligido en sufragio universal o por medio del voto de diputados o consejeros, tenía poderes ejecutivos. Que el legislativo era de la Cortes y que el negociado judicial era de los jueces. Pero viendo cómo se desenvuelve el President Fabra da la impresión de que al jurista francés se le olvidó -tampoco lo podía preveer- añadir a las tares encomendadas al jefe del ejecutivo las de comentarista de la actualidad. Se entendería así la propensión de Fabra a comentar los datos económicos, de empleo y realizar toda clase de vaticinios editorializantes en cada una de sus intervenciones públicas. Como las dos que realizó en su paso relámpago por Ontinyent. En la primera, después de comentar lo bien que, según le parece, empieza a marchar la economia, todos esperaban algun anuncio inversor, alguna línea de ayudas, algun cursillo para desempleados que echarse a la boca. Los empresarios, ávidos de chiringuitos, se quedaron boquiabiertos cuando le escucharon a Fabra animar a los presentes a pedir el dinero a Europa, que aquí nos lo hemos fundido todo entre Bigotes, Blascos y Grandes eventos, le faltó añadir. Menos mal que los dueños de Mantas Mora y el alcalde de Ontinyent le pusieron las peras a cuatro, que si no, Fabra hubiera empezado a levitar por encima de perchados y tintes de tanto discurso plúmbeo.

Y, así, haciendo de mero comentarista, como alguien que contempla el espectáculo desde la grada, sin aportar una idea, sin esbozar ningun proyecto, sin comprometerse siquiera en público a asfaltar el camino de la Finca San Agustín, el jefe del ejecutivo valenciano se despidió de la Vall d’Albaida comentando el calor que había pasado y lo sabroso del vino que había catado. Política demonónica del siglo XXI. ¿Hay alguien ahí?

Antonio T. Martínez Soler

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